Recuerda siempre que, como Juan, mis acciones son en última instancia un testimonio destinado a manifestar a Cristo ante Israel y el mundo.
Así como el bautismo se llevó a cabo con agua, nuestro humilde servicio y las prácticas cotidianas se convierten en un canal que revela su salvación y su gracia.
Abandona la ostentación propia y, con humildad y obediencia, escucha la guía del Espíritu Santo; con palabras y hechos señálalo a él.
Hoy realiza una pequeña acción que muestre la realidad de Jesús a una persona: una breve oración, compartir la Palabra, practicar el servicio. Amén.