Alégrate en Dios en la Fuerza de Tu Juventud

Benicio J.

La Palabra nos dirige una invitación llena de ternura: “¡Joven, alégrate en tu juventud!”. Esto significa que Dios no es enemigo de tu alegría, de tu risa espontánea, de tus sueños y de la energía tan característica de esta fase de la vida. Por el contrario, Él mismo es el mayor interesado en que todo esto se viva en plenitud, sin máscaras y sin culpas.

El Señor conoce profundamente el corazón del joven, sabe cómo está repleto de planes, de curiosidad y de voluntad de descubrir lo nuevo. Él ve los deseos que nacen en ti, las preguntas que surgen, las búsquedas que parecen no tener fin. Nada de esto es extraño para Dios; Él sabe muy bien lo intenso que es este tiempo de descubrimientos.

Por eso, el Señor no ordena que apagues tus deseos ni manda sofocar aquello que brota en tu alma. Lo que Él pide es que todo sea traído a Su presencia, puesto delante de Él con sinceridad y confianza. No se trata de negar lo que sientes, sino de permitir que Dios ilumine, oriente y purifique cada deseo, cada sueño y cada plan.

Cristo no vino al mundo para sofocar tu alegría, ni para transformar la juventud en una carga pesada o en un peligro inevitable. Él vino para dar a tu alegría un sentido eterno y seguro, para que tu juventud sea un verdadero regalo, un tiempo de gracia, crecimiento y madurez en Dios. En Jesús, la juventud no es tiempo perdido, sino oportunidad de vivir lo mejor de ti en la presencia del Señor.