Caminando Juntos Cuando los Caminos de Dios No Tienen Sentido

Nana B.

En Génesis 22, el tierno intercambio entre Isaac y Abraham ralentiza la historia y nos ayuda a sentir el peso de lo que se está desarrollando. La pregunta de Isaac es tan razonable e inocente: “Mira, el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para la ofrenda quemada?” Sus palabras traen a un enfoque agudo la tensión del momento y la aparente ausencia de lo que se necesita.

La respuesta de Abraham es simple, pero profundamente profunda: “Dios proveerá para Sí mismo el cordero.” Estas pocas palabras llevan la confianza constante de un hombre que ha caminado con Dios el tiempo suficiente para saber que, incluso cuando no puede ver el resultado, se puede confiar en Dios.

Detrás de esa respuesta hay un corazón que ha aprendido, a menudo a través de lecciones dolorosas, que Dios realmente cumple Sus promesas. Abraham no está hablando como alguien no probado, sino como uno que ha visto tanto sus propios fracasos como la fidelidad de Dios.

Antes en su vida, la fe de Abraham había vacilado; trató de asegurar la promesa de Dios con sus propios esquemas y atajos. Pero ahora su fe ha sido refinada. No entiende cómo Dios resolverá esta situación, sin embargo, cree que Dios sabe exactamente lo que está haciendo, incluso cuando le pide a Abraham algo inimaginablemente costoso.