Así que deja que este nombre afiance tu corazón: el Dios que se encontró con Moisés en una zarza te encuentra ahora en Cristo, la presencia encarnada del YO SOY, y te envía con un propósito. Recibe Su constancia, apóyate en Su presencia en tu debilidad y entra en la obra que Él te encomienda con valentía. Anímate y ve, porque el YO SOY va contigo—Él está contigo, por ti, y no te dejará; confía en Él y alégrate.