La historia de José en Génesis 39:23 nos recuerda que la presencia de Dios no está confinada a circunstancias agradables o cómodas. José había sido traicionado por sus hermanos, vendido como esclavo y falsamente acusado. Ahora se encontraba en prisión, un lugar que, desde afuera, parecía un fracaso total y el fin de sus esperanzas.
Sin embargo, las Escrituras nos dicen que el carcelero confiaba completamente en José, porque el SEÑOR estaba con él. La cercanía de Dios no cambió inmediatamente la ubicación de José ni borró la injusticia que había sufrido. En cambio, cambió lo que era posible para José en ese mismo lugar.
La presencia del Señor no sacó a José de la prisión de inmediato, pero transformó lo que José podía hacer en esa prisión. Cualquier cosa que José hiciera allí, el Señor la hacía prosperar, aunque su entorno parecía contradecir cualquier idea de éxito o bendición.
La historia de José nos muestra que caminar con Dios no se trata en última instancia de la situación en la que nos encontramos, sino de Quién está con nosotros en medio de ella. La presencia de Dios puede llenar incluso nuestras temporadas más difíciles de significado, propósito y tranquila fructificación, tal como lo hizo por José en esa celda de prisión.