En Éxodo 4:10 Moisés responde al llamado del Señor con una queja cruda y honesta: «Soy lento al hablar y torpe de lengua.» Tu pregunta —¿No pudo Dios simplemente mandarle que fuera un orador elocuente?— toca el corazón de la escena. El pasaje nos invita a notar no solo la limitación de Moisés, sino la respuesta paciente de Dios: Dios no corrige a Moisés eliminando de inmediato su debilidad; promete su presencia y provee medios para el ministerio.
Una razón por la que Dios no reemplazó simplemente la discapacidad de Moisés por una elocuencia natural es que a menudo Dios pretende mostrar su propia gloria a través de la debilidad humana. Al permitir que la inseguridad de Moisés permanezca, Dios hace que la tarea gire en torno a su fidelidad más que al pulimento humano. También usa las limitaciones para cultivar dependencia, humildad y perseverancia. En este capítulo, Dios provee lo que Moisés necesita en el momento —seguridad, señales para confirmar el llamado y un compañero en Aarón—, enseñando que el liderazgo se sostiene por la presencia de Dios y por la comunidad, no por la elocuencia solitaria.
En la práctica, esto significa que no debemos suponer que toda carencia es una descalificación o que el primer movimiento de Dios es borrar nuestra debilidad. A menudo nos llama a la obediencia desde el lugar de nuestra insuficiencia para que aprendamos a depender de él y del cuerpo de Cristo. Nombra tu debilidad con honestidad, pide la presencia de Dios, acepta los dones y la ayuda que Dios pone a tu alrededor, y da un paso adelante en obediencia. Las habilidades se pueden perfeccionar y Dios puede hacer crecer nuestras capacidades, pero con frecuencia comienza pidiéndonos que confiemos en él con lo que ya tenemos.
Anímate: el mismo Dios que se encontró con Moisés en su temor te encuentra ahora. Puede que no siempre te haga elocuente al instante, pero promete estar contigo, proveer ayuda y usar tu debilidad para su gloria. Avanza en obediente fidelidad y alégrate de que la fuerza de Dios se perfecciona en tu debilidad.