Del Setenta Veces Siete de la Venganza al Setenta Veces Siete del Perdón

En Génesis 4:24, Lamec se enorgullece: “Ahora, si Caín es vengado siete veces, Lamec puede ser, setenta veces siete!”. Está diciendo, en otras palabras, que su venganza es ilimitada, que nadie se mete con él sin pagar un alto precio. Este versículo muestra cómo el corazón humano, lejos de Dios, tiende a aumentar la violencia, el resentimiento y el deseo de devolver el golpe. Donde Dios había puesto un límite a la venganza, el hombre decidió multiplicarla. Es un retrato doloroso de lo que el pecado hace con nuestras relaciones: cada herida no tratada se convierte en justificación para más dureza y más distancia. Y, si somos sinceros, a veces nuestro corazón se parece más al de Lamec de lo que nos gustaría admitir.

Siglos después, Jesús toma esta misma expresión, “setenta veces siete”, y la vuelve completamente del revés. Cuando Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, Jesús responde: “No te digo que hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18:22). Lo que Lamec multiplicó en venganza, Cristo lo multiplica en perdón. Nos muestra que el patrón del Reino de Dios no es el ciclo interminable de ofensa y retribución, sino el flujo constante de gracia y restauración. En lugar de coleccionar motivos para alejarse, Jesús nos llama a coleccionar oportunidades para perdonar. Así, el evangelio entra precisamente donde la herida es más profunda y comienza a romper la cadena de la violencia, ahora sustituida por la cadena del amor.

Aplicar ese “perdonar 70×7” no es hacer como si nada doliera, ni aceptar abusos o injusticias continuas sin buscar ayuda y límites sabios. Perdonar, a la luz de Cristo, es decidir entregar a Dios el derecho de venganza, renunciar a alimentar el resentimiento y buscar, tanto como sea posible, la paz que viene del Espíritu Santo. Quizás lleves recuerdos de palabras duras, traiciones, rechazos o injusticias que parecen imposibles de olvidar. Lleva cada una de ellas a la cruz y di: “Señor, no puedo solo, pero, en tu nombre, elijo perdonar de nuevo”. El perdón no es un sentimiento que llega listo, es un camino diario, una elección repetida hasta que el corazón va siendo sanado. Y, muchas veces, este proceso comienza con un pequeño paso de obediencia, incluso mientras las emociones aún están confusas.

La buena noticia es que Jesús no solo manda perdonar, Él primero nos perdona “setenta veces siete” y más, cubriendo una vida entera de caídas y nuevos comienzos. Cuando te encuentres ante alguien difícil de perdonar, recuerda cuánto Cristo ya soportó por ti, y deja que ese amor sea la fuente de tu perdón. Pide al Espíritu Santo valentía para romper el ciclo de la venganza, sabiduría para establecer límites saludables y mansedumbre para responder como hijo de Dios, no como Lamec. En cada nueva oportunidad de perdonar, te estás pareciendo un poco más a Jesús y abriendo espacio para que la gracia transforme tu historia y tus relaciones. Camina hoy con esta certeza: en Cristo, no estás atado al pasado ni al peso de la herida, sino libre para amar de nuevo, comenzar de nuevo y, si es necesario, perdonar de nuevo, setenta veces siete.