Por tanto, mantente arraigado en el Siervo cuyo rostro desfigurado nos señala el amor que salva; deja que sus heridas formen tus raíces y que de esas raíces broten higueras que fructifiquen para el Reino. Permanece, con fidelidad y humildad, y confía en que Dios usará tu arraigo para generar vida en muchos — anímate y plántate profundamente en Cristo hoy.