En el texto de Juan 14:2-4, Jesús afirma con claridad que va a preparar un lugar para los suyos; esa promesa no es vaga ni abstracta, sino íntima y personal. La imagen que utiliza recuerda la práctica humana de preparar una habitación para un hijo que llega o de arreglar la casa para recibir a un invitado amado. El amor humano revela la disposición a anticipar necesidades y ofrecer consuelo, y es mediante esa imagen que entendemos el amor de Cristo en acción. James Barrie, al escribir sobre su madre Margaret Ogilvy, muestra cómo las familias heridas aún preservan gestos de cuidado y memoria, incluso después de pérdidas y miseria. La experiencia de quien prepara una casa en un escenario de dolor evidencia que la esperanza y la hospitalidad van juntas en tiempos de duelo. Jesús no deja lugar a dudas sobre el destino de los suyos, porque el preparar es tanto un acto de amor como de certeza. La promesa de que él volverá para llevarnos es una invitación a confiar en la fidelidad de aquel que conoce nuestras aflicciones. Esa primera visión nos coloca ante un Salvador que se ocupa de nosotros de forma activa y esperanzadora.