Anímate: el Señor es el mayor tesoro y los ídolos fugaces que una vez perseguimos no lo eclipsarán. Si hoy ves que alguna búsqueda se ha convertido en un rival de Dios, vuelve al único que verdaderamente sostiene y satisface. Recibe su gracia, fija tus ojos en Jesús y anímate: cuando todo lo demás se pierde, Dios permanece, y en él tienes esperanza y valor perdurables.