Cuando Dios Pide lo Difícil

Génesis 22:2 nos enfrenta con un mandato asombroso: "Toma a tu hijo, tu hijo único Isaac, a quien quieres, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto." En el telón de fondo del antiguo Cercano Oriente —donde algunos pueblos abusaban de niños en contextos rituales y donde la ofrenda humana podía ser una forma distorsionada de apaciguar a las deidades— esta instrucción divina sin duda debió parecerle a Abraham impactante. Sin embargo, el impacto es doble: al mismo tiempo disonante con la bondad de Yahvé y desgarrador en lo existencial, porque apunta a la misma simiente de la promesa de pacto de Dios a Abraham.

La respuesta de Abraham nos ayuda a leer la escena correctamente. No estaba siendo iniciado en una práctica pagana; estaba siendo puesto a prueba por el Dios que había actuado repetidamente para establecer un pueblo y una promesa. El texto y la reflexión posterior en Hebreos sugieren que Abraham creyó en el carácter y el poder de Dios —que aun si sacrificara a Isaac, Dios podría resucitar la promesa (Hebreos 11:17–19). Así, lo que superficialmente podría parecer conformidad con ritos paganos es en cambio un crisol de fe de pacto: Dios prohíbe el sacrificio humano en su ley y en su corazón, y aquí expone impulsos idólatras mientras demuestra su propia provisión (el carnero) y despliega un patrón mayor de sustitución sacrificial que apunta, en última instancia, a Cristo.

La postura de Abraham es instructiva y práctica para pastores y personas que luchan con mandatos o estaciones que se sienten ajenos o contrarios a la cultura circundante: escucha la voz del Dios del pacto más que las ruidosas asunciones de tu contexto; sostiene las promesas de Dios con una mano lo suficientemente abierta para obedecer y confiarle el resultado; y espera la provisión de Dios en el lugar de la obediencia. A veces la obediencia parecerá pérdida; a menudo se sentirá como adentrarse en una sombra. Pero la fe de pacto aguarda el carácter de Dios —su fidelidad, justicia y misericordia— y sigue adonde él conduce, incluso cuando otros lo llamen extraño.

Anímate: el Dios que puso a prueba a Abraham es el mismo Dios que provee un sustituto y sostiene a su pueblo. Si se te pide seguir de maneras que te inquietan, recuerda que los llamados divinos pretenden mostrar dónde reside realmente tu confianza y atraerte hacia la vida que él da. Mantén tus ojos en el Dios que no se deleita en nuestra ruina sino que trae resurrección y provisión; obedece con fe, y alégrate porque él atiende a quienes confían en él.