Cuando Él se Levanta: Pascua, Majestad y el Día del SEÑOR

La imagen en Isaías 2:19 es contundente: personas huyendo a cuevas y agujeros ante el terror del SEÑOR, ante el esplendor de su majestad cuando se levanta para aterrorizar la tierra. Esa palabra «se levanta» evoca de manera impactante la resurrección de Cristo; tu intuición de que Dios habla a través del recuerdo de la Pascua es acertada. Las Escrituras pueden apuntar hacia adelante y hacia atrás a la vez: la misma gloria que un día hará temblar también irrumpió en la historia en la resurrección de Jesús.

En Isaías el temblor está ligado a la santidad y al juicio de Dios, a la exposición de seguridades falsas e ídolos. En el Nuevo Testamento la tumba está vacía y el Cristo resucitado muestra tanto la victoria de Dios como la certidumbre de su venidero reinado. La resurrección no anula la realidad de la majestad sobrecogedora de Dios; revela que el poder de Dios es justo y misericordioso a la vez. Para los que se aferran a él, el Señor resucitado es vida y vindicación; para los que lo rechazan, ese esplendor será motivo de temor.

Pastoralmente, esto significa que vivimos entre la Pascua y el día definitivo del SEÑOR con gratitud reverente y obediencia urgente. Que la memoria de la resurrección de Cristo te mueva al arrepentimiento donde queden ídolos, a la confianza activa donde el miedo te tienta a esconderte, y al testimonio gozoso de que el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos está obrando en tu vida ahora. Practica la adoración, la confesión y la responsabilidad comunitaria para que el esplendor que encuentres no sea algo que te aterrorice sino la gracia que te transforma.

Ten ánimo: Aquel que resucitó en la Pascua es el mismo que vendrá en gloria. No necesitas esconderte de su majestad: recibe su misericordia, mantente firme en la fe y camina en el poder de la resurrección. Anímate: su resurrección asegura tu esperanza y te capacita para vivir con valentía por él.