El camino para convertirse en descendiente de Abraham

Pablo declara en Romanos 4 que el camino para recibir la promesa de Dios no es la ley, sino la fe que pertenece a la gracia. La frase "esto que se convierte en heredero es por la fe para que sea de gracia" significa que el lugar de heredar el reino y la promesa de Dios no se basa en nuestros méritos o calificaciones religiosas, sino que es un regalo de Dios. Por eso, Dios ha hecho la promesa "firme para todos los descendientes". No importa en qué época naciste o qué trasfondo religioso tengas, lo que importa es si respondes con fe ante el evangelio. Así, Dios establece a cualquiera que se acerque con fe como descendiente de Abraham y heredero de la promesa.

El texto abarca no solo a los que están bajo la ley, es decir, a los circuncidados, sino a todos los que creen, como Abraham. Tanto los circuncidados como los incircuncidados, judíos o gentiles, con o sin trasfondo de fe, todos los que responden con fe ante el evangelio se convierten en "los que pertenecen a la fe de Abraham". Dios no toma las fronteras y divisiones creadas por los humanos como condiciones para la promesa, sino que otorga gracia que trasciende esas fronteras. Por lo tanto, Abraham no es solo el ancestro de una nación, sino "el ancestro de todos nosotros ante Dios". Esta palabra nos regala una identidad espiritual de que hemos recibido una nueva familia y nuevas raíces en la fe.

Esta verdad cambia nuestra perspectiva al tratar con las personas en nuestra vida diaria. En lugar de marcar una línea diciendo que yo tengo más tiempo de fe y esa persona apenas comienza, cultivamos la conciencia de que somos "hermanos y hermanas que juntos hemos llegado a ser descendientes de Abraham en la fe". En el hogar, el trabajo, la iglesia y la sociedad, podemos recordar la dirección de la promesa de Dios sin clasificar a las personas según su fe o experiencia. Además, al reflexionar sobre mi propio pasado y trasfondo, en lugar de ver la desesperanza de "no tengo derecho", puedo verme a mí mismo desde la perspectiva del evangelio como "he sido llamado al lugar de gracia que Dios ha dado". Así, podemos avanzar hacia los demás no con corazones cerrados, sino con el amplio abrazo que la promesa de Dios nos ha abierto.

Sería bueno reflexionar si todavía me siento apartado de la promesa debido a la falta de mi fe o fracasos pasados. Sin embargo, Dios establece a Abraham como "el ancestro de todos los creyentes ante Dios" y nos invita a estar juntos en esa línea de fe. Lo que debes hacer hoy no es acumular méritos, sino confiar en la gracia que se ha dado en Cristo y dar un paso de fe. Al acercarte con fe, ya no eres un extraño, sino un descendiente de Abraham dentro de la promesa, un hijo de Dios. Te animo a recordar hoy esa identidad de gracia, a orar con valentía, a obedecer con alegría y a caminar compartiendo amor en la amplia familia de Dios.