Cinco nombres, una misma fe

Sibelle S.

En Números 27:1 vemos algo sorprendentemente actual: cinco mujeres se acercan con valentía ante la autoridad espiritual de su tiempo. Maalá, Noa, Hogla, Milca y Tirza no son solo nombres en una lista; son testimonios de fe en medio de un contexto que parecía desfavorable para ellas. La primera, Maalá, nos recuerda la “confianza” que permanece firme en el Señor. Como enseñan Salmos 125:1 y 40:4, quien confía en Dios es como el monte Sión: no se mueve y no pone su esperanza en los soberbios ni en la mentira. En Cristo, esa confianza es aún más profunda, pues Él es la Roca que garantiza nuestra herencia eterna, incluso cuando todo a nuestro alrededor parece incierto.

Noa, cuyo nombre apunta a “aquella que no se detiene”, nos inspira en la perseverancia en oración. Las hijas de Zelofeade no aceptaron pasivamente perder la herencia, sino que se levantaron, fueron hasta Moisés y expusieron su caso. De la misma forma, quien cree en Jesús es llamado a no desistir ante puertas cerradas, sino a golpear, buscar y pedir con insistencia ante el Padre. Perseverar en oración no es intentar convencer a Dios a la fuerza, sino alinear nuestro corazón a Su plan perfecto, creyendo que Él es bueno. Cuando oras y no ves respuesta inmediata, recuerda a Noa: en Cristo, la fe que no se detiene es usada por Dios para abrir caminos que parecían no existir.

Hogla, aunque menos conocida, puede recordarnos una fe práctica, que obedece y se presenta a Dios tal como está, sin máscaras. Milca, asociada a la idea de realeza, apunta a nuestra identidad en Cristo: un pueblo elegido, un sacerdocio real, llamado a vivir como hijos e hijas del Rey, incluso en medio de contextos hostiles. Tirza, ligada a la idea de “agrado” o “delicia”, nos invita a recordar que, en Jesús, el Padre se alegra en recibirnos cuando nos acercamos con fe. Estas tres, junto con Maalá y Noa, forman un hermoso cuadro de vida cristiana: confianza, perseverancia, identidad y alegría ante Dios. Cada una de ellas nos ayuda a recordar que, en Cristo, nuestra herencia no se pierde, sino que está garantizada por la gracia, aunque el escenario natural diga lo contrario.

El movimiento de estas cinco mujeres nos anima a también acercarnos con audacia al Señor, por medio de Jesús, nuestro Sumo Sacerdote. Quizás hoy estés luchando por confiar como Maalá, cansado de perseverar como Noa, o inseguro sobre tu valor y tu herencia espiritual. Aun así, por la fe en Cristo, puedes dar un paso más, presentar tu caso al Padre y creer que Él escucha, ve y actúa. No dejes que el miedo, el cansancio o la sensación de injusticia te paralicen: acércate, abre el corazón, trae tus necesidades y sueños ante Dios. En Cristo, estás invitado a caminar como estas cinco hijas de Zelofeade: confiando, perseverando y creyendo que el Señor es fiel para completar, en tu vida, todo lo que prometió.