La expresión En aquellos días abre la Escritura como un clarín: Dios decidió actuar en un momento concreto de la historia. No es solo una referencia cronológica, sino la afirmación pastoral de que hay instantes en que el Señor irrumpe en lo cotidiano humano para iniciar una obra redentora. Para nosotros, esa frase nos invita a reconocer el carácter decisivo del presente: Dios tiene días en que llama, revela y encamina su voluntad para su pueblo.
Juan Bautista predicaba en el desierto de Judea —un lugar árido que, paradójicamente, se convierte en escuela de preparación. El desierto en la Escritura no es solo lugar de prueba, sino de encuentro y de limpieza interior: allí las apariencias caen, las distracciones cesan y la palabra divina exige respuesta. Pastoralmente, se nos desafía a crear desiertos interiores —momentos de silencio, ayuno y examen— donde, liberados de las muchas voces, podamos escuchar el llamado al arrepentimiento y a la conversión.
El contenido del anuncio de Juan apunta directamente al Reino que se aproxima: arrepiéntanse, produzcan frutos dignos de arrepentimiento y preparen el camino del Señor. En la práctica eso significa conversión de hábitos, corrección de decisiones y priorizar la justicia y la misericordia en las relaciones. Como líderes, padres y hermanos en la fe, debemos modelar y orientar esos pasos concretos: confesión sincera, restitución cuando sea necesaria, disciplina de la oración y participación en la comunidad que da testimonio del Reino.
Por lo tanto, si hoy lees En aquellos días, entiende que este es tu día de respuesta. No demores el regreso al Padre; no esperes una ocasión más conveniente para abrir espacio al Evangelio. Entra en el desierto de oración, arrepiéntete con coraje y prepara el camino del Señor en tu vida y en tu casa —y cree que la misericordia de Dios transforma el arrepentimiento en un nuevo comienzo. Levántate y responde ahora con fe y obediencia.