En el principio, Dios creó los cielos y la tierra. Esta verdad inicial revela la soberanía de Dios sobre toda la historia, incluida mi jornada de lectura bíblica, que comienzo hoy en Balneário Camboriú. Cuando inicio un proyecto tan largo y contemplativo, es fácil sentir ansiedad ante lo desconocido; sin embargo, la Escritura nos enseña que el Cordero es el Alfa y la Omega, y que la Palabra de Dios permanece para siempre. Que pueda, en esta primera etapa, descansar en la seguridad de que toda la creación responde al Creador, incluso cuando el camino parece largo e incierto, y que cada día de lectura sea un acto de fidelidad que modele mi corazón para obedecer a Dios en la práctica.
Mientras anoto y reflexiono, recuerdo que la práctica de la meditación bíblica no es solo adquisición de contenido, sino transformación de vida. El comienzo de todo apunta a una relación —con Dios que crea, sostiene y guía. Hoy, la posibilidad de cambio de ciudad, de planes inciertos y de expectativas familiares me asustan. Aun así, puedo elegir colocar mi confianza en Dios que conoce mi mañana, que prepara caminos, que usa el tiempo para enseñarme a depender de Él más profundamente. La lectura diaria se convierte entonces en un ejercicio de entrega, de orar en medio de la incertidumbre, de buscar la sabiduría divina para cada decisión que se presenta.
Que esta jornada de tres años y tres meses no sea solo una cuenta de días, sino una formación de carácter que revele el cuidado de Dios en mi vida. A cada paso, que encuentre en Génesis 1:1 una ancla: Dios es Creador, Señor de todo, y yo soy creada por Él para caminar en comunión con Su propósito. Si el futuro exige cambio, que responda con fe, recordando que nuestro Dios es fiel para guiar, sostener y bendecir los pasos de quien lo busca. Que la esperanza en Cristo sea la motivación que me levante cada mañana, con valentía para proseguir y con paciencia para esperar en el tiempo de Dios, sirviendo como diario vivo de la gracia que me sostiene.