En Éxodo 4:24-26, vemos a un Dios que confronta, a Moisés que atraviesa una prueba de fe y a Séfora que responde con una acción radical de obediencia. La escena nos revela que el servicio a Dios no se reduce a palabras o planes grandiosos, sino a una entrega que toca lo profundo del corazón y del pacto. El corazón humano necesita, una y otra vez, que Dios nos sane y nos señale los signos de su alianza para poder servir libre de hipocresía y de orgullo, sabiendo que la fidelidad que agrada a Dios se manifiesta en actos de obediencia que pasan por el reconocimiento de nuestra debilidad y la gracia que restaura.