Despierta, Hombre de Dios

Benicio J.

El apóstol Pablo nos recuerda que ya es hora de despertarnos del sueño, y esta exhortación habla directamente al corazón del hombre cristiano. Muchas veces vamos empujando la vida espiritual con la barriga, posponiendo decisiones importantes y acomodándonos, como si siempre hubiera tiempo de sobra. Decimos que un día seremos más firmes en la fe, más santos en las actitudes, más presentes en la familia, más responsables con lo que Dios ha puesto en nuestras manos.

Sin embargo, la Palabra declara que nuestra salvación está hoy más cerca de lo que cuando creímos por primera vez, indicando que el tiempo no es mañana, sino ahora. Cada día que pasa nos acerca al encuentro con el Señor, y esto no debe generar miedo, sino urgencia y responsabilidad espiritual. No podemos darnos el lujo de vivir distraídos, como si la eternidad fuera un asunto distante de nuestra rutina.

Dios no llama a hombres perfectos, pues Él conoce nuestra debilidad, nuestras caídas y nuestras limitaciones. Lo que Él busca son hombres despiertos, dispuestos a ver el tiempo en que viven y a responder al llamado del Señor con seriedad. Hombres que prestan atención a las oportunidades de servir, de amar, de corregir el rumbo, de pedir perdón, de comenzar de nuevo con humildad y fe.

Cristo nos llama a abrir los ojos a la realidad espiritual detrás de cada elección, palabra y hábito diario. No se trata solo de asistir a la iglesia o de mantener una apariencia religiosa, sino de vivir despiertos para Dios en todo lo que hacemos, como hombres de fe. Ser hombre según el corazón de Dios es permitir que Él gobierne nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestro carácter, día tras día, mientras aún es tiempo de despertar.