Cuando la piedra se mueve

Abimael V.

El amanecer de Mateo 28 no solo ilumina una tumba vacía, sino también corazones que llegan cargados de dolor y preguntas. María Magdalena y la otra María van al sepulcro con expectativas muy humanas: buscar un cuerpo, honrar un recuerdo, llorar una pérdida. No imaginan que Dios ya ha estado obrando en la oscuridad, moviendo la piedra que ninguna de ellas podía mover. Así también nosotros muchas veces nos acercamos a nuestras propias “tumbas”: situaciones aparentemente cerradas, pérdidas, culpas o miedos que creemos definitivos. Pero el relato comienza recordándonos que, aun cuando tú no ves nada, Dios ya está actuando en lo escondido. La resurrección de Jesús declara que ninguna noche es tan profunda como para detener el amanecer del poder de Dios.

En medio de ese escenario impresionante, aparece un ángel con un mensaje clave: “Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado”. Dios no desprecia el dolor ni la búsqueda sincera; al contrario, las reconoce y les habla directamente al corazón. El ángel no les dice que su sufrimiento fue exagerado, sino que les muestra algo mayor: Cristo ha resucitado, tal como lo prometió. Sus palabras son claras: “Vengan, vean… Vayan pronto, y digan”. Primero contemplar la obra terminada de Dios, luego correr a compartirla. En tu vida cotidiana, también el Señor te invita a mirar de cerca su victoria —en la cruz y en la tumba vacía— antes de salir al mundo a servir, trabajar, criar hijos o enfrentar responsabilidades.

Llama la atención que, mientras ellas obedecen y van de prisa con temor y gran gozo, Jesús mismo sale a su encuentro. No esperan verlo ahí, en el camino, pero de pronto Él se hace presente, las saluda y ellas se abrazan a sus pies y lo adoran. La resurrección no es solo una doctrina, es un encuentro real con una Persona viva que conoce tu nombre, tu historia y tu jornada de hoy. Nota cómo Jesús repite el mensaje del cielo: “No teman”, y les da una instrucción concreta para el siguiente paso. En otras palabras, el Cristo resucitado no solo calma sus emociones, también dirige sus decisiones. Lo mismo hace contigo: en medio de tus idas y venidas, Él quiere encontrarte, consolarte, reorientarte y enviarte.

Este pasaje nos invita a vivir cada día como esas mujeres: conscientes de que el sepulcro está vacío y de que Jesús va delante de nosotros. Puede que hoy tengas piedras pesadas que no sabes cómo mover, pero la resurrección proclama que Dios tiene la última palabra sobre tu historia. Puedes caminar con temor y gran gozo a la vez, porque el miedo humano no anula la obra perfecta de Cristo; solo necesitas seguir avanzando hacia donde Él te envía. Abraza los pies del Señor en adoración en medio de tu rutina: en tu casa, trabajo, estudios o ministerio, recuerda que Él está vivo y presente. Y cuando sientas que el temor quiere dominarte, escucha de nuevo sus palabras: “No temas… allí me verás”. Sigue caminando, porque el Resucitado va delante de ti, y cada paso que das en fe se convierte en una oportunidad para ver su poder y su gracia obrando a tu favor.