La pasaje de 1 Tesalonicenses 5:20-21 nos llama a una postura de discernimiento y respeto en relación a las profecías. Muchas veces, en nuestra caminata cristiana, podemos encontrarnos con mensajes que nos impactan de formas diferentes. Algunos pueden sonar como promesas poderosas, mientras que otros pueden parecer solo palabras vacías. Sin embargo, el apóstol Pablo nos orienta a no tratar con desdén las profecías, sino a examinarlas cuidadosamente. Esta invitación no se trata solo de un llamado a la crítica, sino a la reflexión y a la búsqueda de la verdad que se encuentra en Cristo. Al mirar las profecías, debemos recordar que tienen como objetivo acercarnos al corazón de Dios y guiarnos en nuestra jornada espiritual.
Examinar las profecías exige de nosotros un corazón abierto y una mente alerta. No podemos simplemente aceptar cualquier mensaje que se presenta ante nosotros, sino que debemos buscar la sabiduría que viene de lo alto. En Santiago 1:5, se nos recuerda que, si pedimos sabiduría a Dios, Él nos la dará generosamente. Por lo tanto, al encontrarnos con palabras proféticas, es esencial que lo hagamos en oración, buscando la confirmación del Espíritu Santo en nuestras vidas. Esta búsqueda activa de la verdad nos ayudará a discernir lo que es bueno y edificante, permitiendo que retengamos aquello que realmente nos acerca al Señor y nos fortalece en la fe.
Además, es importante entender que no estamos solos en esta jornada de discernimiento. La comunidad de fe, la Iglesia, desempeña un papel vital en ayudarnos a interpretar y entender las profecías. En Hechos 2:42, vemos que los primeros cristianos se dedicaban a la enseñanza, a la comunión, a partir el pan y a las oraciones. Esta práctica debe continuar entre nosotros. Compartir experiencias y reflexiones con otros hermanos y hermanas en Cristo nos ofrece una perspectiva más rica y completa. Así, examinamos las profecías no solo individualmente, sino colectivamente, buscando la unidad en el cuerpo de Cristo y edificándonos unos a otros con lo que es bueno y verdadero.
Por último, al retener lo que es bueno y descartar lo que no edifica, somos llamados a vivir una vida que glorifica a Dios. Esta práctica de discernimiento nos acerca a Cristo, que es la propia Verdad. En tiempos de incertidumbre y confusión, seamos motivados a buscar la luz de Cristo en todos los mensajes que recibimos. Él nos guía en nuestro camino y nos da discernimiento para saber lo que es bueno. Por lo tanto, te animo a ser como los bereanos, que examinaban las Escrituras diariamente para ver si las cosas eran así (Hechos 17:11). Que tu jornada de fe esté marcada por un profundo amor por las profecías que vienen de Dios, y que siempre puedas retener aquello que edifica y glorifica el nombre de Jesús.