La justicia que es de la fe

Pablo, retomando la Escritura, confronta una tentación muy concreta: creer que la justicia puede alcanzarse por esfuerzos humanos. En Romanos 10:6-7 cita las preguntas retóricas —«¿Quién subirá al cielo?» y «¿Quién descenderá al abismo?»— para mostrar que la obra de Dios no depende de nuestras hazañas rituales ni de una escalera espiritual para traer a Cristo. La «justicia que es de la fe» se define en oposición a la justicia de la ley, porque no exige un ascenso humano hacia Dios, sino una recepción confiada de lo que Él ha hecho.