Recordar para Creer Nuevamente

Ryanne A.

Los discípulos estaban en el barco con Jesús. Habían visto milagros extraordinarios, pero bastó que faltara pan para que su corazón se llenara de preocupación. En lugar de mirar a aquel que estaba con ellos, fijaron los ojos en lo que les faltaba en las manos.

Jesús entonces los confronta con amor, cuestionando por qué aún no comprendían y por qué su corazón seguía endurecido. Los llama a la reflexión, no para condenarlos, sino para despertarlos a una fe más profunda y a una percepción más clara de quién Él es.

Les recuerda las multiplicaciones de los panes, de las muchas cestas llenas que sobraron, trayendo a la memoria la fidelidad de Dios a lo largo del camino. Cada milagro era un recordatorio del cuidado divino, una invitación a confiar más, y no a temer nuevamente ante cada nueva necesidad.

La cuestión nunca fue el pan, sino la falta de confianza en aquel que ya había demostrado su cuidado tantas y tantas veces. El problema no estaba en la escasez, sino en la memoria corta de un corazón distraído, que fácilmente se olvida de lo que Dios ya hizo cuando mira solo lo que aún falta.