Este es un llamado pastoral para que cada uno examine dónde estamos permitiendo que la luz de Cristo guíe nuestras elecciones. Si identificamos áreas de tiniebla —orgullo, miedo, injusticia—, estamos llamados a confesar, arrepentirnos y abandonar la vieja forma de caminar. Que podamos cultivar hábitos de fidelidad que reflejen el orden creador: trabajar por la verdad, alimentar la esperanza y cultivar relaciones que edifiquen, alienten y perdonen. Que nuestra vida se vuelva evidencia de que la luz no brilla solo para ser contemplada, sino para transformar, liberar y conducir a una relación más profunda con Dios, que dijo: haya luz — y la luz existió. Que seamos fortalecidos por la gracia para permanecer en la luz, hasta que la mañana definitiva se cumpla en Cristo, nuestro Salvador.