Antes de cualquier jardín, de cualquier color y belleza, la Biblia nos presenta una escena extraña: una tierra sin forma, vacía, cubierta por oscuridad. Nada parecía prometedor, nada invitaba a la esperanza, ningún rastro de vida o de orden se hacía visible.
Aún así, el Espíritu de Dios ya se movía sobre las aguas. Antes de cualquier cambio perceptible, antes de cualquier rayo de luz, Dios ya estaba allí, presente, observando, envolviendo y sosteniendo ese caos silencioso.
Esto nos recuerda que Dios no comienza a actuar solo cuando todo está bonito y organizado; Él entra justamente en medio del caos. No espera que la vida esté ordenada para entonces acercarse, sino que se acerca para, a partir de la nada y la confusión, iniciar algo nuevo.
En Cristo, vemos esta misma verdad: el Verbo que crea todas las cosas también entra en nuestra historia confusa para traer sentido. El misterio de Génesis 1:2 es que, incluso cuando no vemos nada más que oscuridad, Dios ya está presente, activo, preparando un nuevo comienzo.