Ahí está el Cordero de Dios

En Juan 1:36 un testigo señala lo esencial: ahí está el Cordero de Dios. En pocas palabras Juan identifica la misión de Cristo como aquel que quita el pecado, y esa declaración no queda en teoría sino que provoca una respuesta: algunos comienzan a seguirlo. Ver a Jesús así cambia el rumbo de la vida porque reconoce en él la respuesta última al problema del pecado y la esperanza de reconciliación con el Padre.

Jesús se vuelve y pregunta ¿Qué buscan? Esa pregunta va al corazón y desenmascara motivos: ¿buscamos espectáculo, consuelo pasajero, seguridad humana o la presencia misma del Señor? Los que seguían respondieron con humildad Rabí ¿dónde te hospedas?, mostrando que su búsqueda no era curiosidad sino deseo de intimidad. La inquietud de los discípulos nos enseña que el primer paso del discipulado es preguntar por la morada de Cristo, no por sus dones.

La súplica ¿dónde te hospedas? revela un anhelo de permanencia: no basta admirar a distancia, se desea quedarse con Él. En la práctica esto implica priorizar la presencia de Jesús a través de la Palabra, la oración y la comunidad donde Dios se hace presente. Cuando buscamos dónde habita Cristo y nos disponemos a permanecer con él, nuestras preguntas y expectativas se transforman en conocimiento y obediencia que moldean nuestra vida diaria.

Hoy Jesús también te mira y te hace la misma pregunta ¿Qué buscas? No temas responder y preguntar dónde mora; acércate con sinceridad y permanece junto a él. Ánimo: si sigues al Cordero que quita el pecado encontrarás perdón, compañía y rumbo para tu vida, y en su presencia tu búsqueda recibirá respuesta y esperanza.