Cuando fallen los carros, invoca su nombre

Ty D.

«Algunos confían en carros y otros en caballos; pero nosotros confiamos en el nombre del SEÑOR nuestro Dios.» (Salmo 20:7). El salmista pinta un contraste vívido: los recursos humanos, las estrategias y la fuerza visible pueden parecer seguros cuando el camino está en calma, pero en el crisol de la aflicción esas cosas a menudo resultan insuficientes. Cuando las cosas se ponen difíciles, nuestro impulso es apuntalar planes, apoyarnos en personas o luchar por el control; sin embargo, el salmo invita a una postura distinta: poner nuestra confianza no en las armas de este mundo, sino en el nombre viviente de Dios revelado en Jesucristo.

Confiar en el nombre del SEÑOR es confiar en su carácter, presencia y poder. El nombre no es una fórmula mágica sino la plena realidad de la fidelidad del pacto de Dios: su misericordia, sabiduría y obra salvífica en Cristo. Jesús es el Señor ante quien nos inclinamos, el que cargó con nuestra debilidad y declaró la victoria sobre el pecado y la muerte. En la práctica, invocar su nombre significa traerle nuestra necesidad al que nos conoce, apoyarnos en sus promesas y anclar nuestra esperanza en quien él es en lugar de en lo que podamos reunir.

Cuando llegue la dificultad, vuelve tu rostro hacia Jesús con prácticas simples y concretas: nombra tu miedo y tu tristeza ante él en oración; recuerda el evangelio y la cruz como prueba de que él ha entrado en nuestro sufrimiento; entrega tus planes y pide su sabiduría; obedece el siguiente pequeño paso de amor fiel o testimonio aun cuando los resultados sean inciertos. Apóyate en la comunidad que él da, deja que las Escrituras reorienten tu corazón y practica la confianza repitiendo y descansando en sus promesas en lugar de ensayar escenarios catastróficos o soluciones frenéticas.

No estás abandonado a agarrarte solo de los carros: Jesús te invita a invocar su nombre y a apoyarte en su gracia sustentadora. En los lugares difíciles, vuélvete a él, háblale con sinceridad y deja que su presencia te haga firme. Anímate: cuando las cosas se pongan duras, vuelve a Jesús —invoca su nombre y confía en que él te sostendrá.