Recursos Ilimitados en Tierras Inadecuadas

Sibelle S.

El pueblo de Israel mira a su alrededor y solo ve escasez: ninguna semilla brota, no hay higueras, ni viñas, ni granados, y hasta falta el agua. Ante este escenario árido y hostil, el corazón se llena de sensación de abandono e inseguridad, como si toda promesa hubiera sido interrumpida. La realidad que ven es de completo vacío, un lugar donde nada prospera y donde los recursos parecen haber sido completamente eliminados.

Tomados por este sentimiento, preguntan: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para conducirnos a este terrible lugar?”. A los ojos humanos, todo parece un error de dirección, un camino mal calculado, una elección equivocada que los trajo a un escenario de frustración. El desierto en el que se encuentran es, al mismo tiempo, geográfico, financiero y emocional, intensificando la impresión de que algo salió muy mal en el camino.

Sin embargo, este ambiente imposible no prueba la ausencia de Dios, sino que se convierte en el escenario perfecto para revelar quién es Él. Justo cuando todo falta, cuando los recursos se agotan y las alternativas humanas se acaban, el pueblo es llevado a ver que Dios no depende de lo que es visible para actuar. El desierto, entonces, no es solo un lugar de pérdida, sino también de revelación, donde el cuidado y el poder de Dios pueden ser percibidos de forma aún más clara.

Cuando todo escasea, el pueblo se enfrenta a una pregunta más profunda: ¿en quién realmente confían, en los recursos visibles o en el Dios que los guía? Este es el mismo dilema que enfrentamos cuando nuestras finanzas parecen un desierto sin salida, cuando miramos la cuenta, las deudas, las puertas cerradas, y concluimos que no hay nada que hacer. En esos momentos, Dios nos llama a mirar más allá de lo que falta, para aprender a descansar no en lo que tenemos en las manos, sino en quien nos guía por el camino, incluso en los desiertos.