La Biblia nos muestra que, antes de que todo tomara forma, la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían el abismo. No había colores, ni paisajes, ni vida como la conocemos hoy, solo caos y oscuridad. Sin embargo, en medio de ese escenario aparentemente desolador, el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Es decir, Dios ya estaba presente, activo y atento, aun cuando nada parecía tener sentido. Así también, muchas veces nuestra vida parece un caos, pero eso no significa que Dios esté ausente o que no pueda hacer algo hermoso con lo que vivimos. La vida es hermosa no porque todo sea perfecto, sino porque Dios está allí, incluso antes de que podamos ver la forma final de Su obra en nosotros.
El Espíritu de Dios moviéndose sobre las aguas nos recuerda que nada está tan vacío que Dios no pueda llenarlo. A veces miramos nuestro interior y vemos confusión, heridas, dudas y temores, y pensamos que nada bueno puede salir de allí. Pero el mismo Dios que habló y creó luz donde solo había tinieblas, puede hablar a tu corazón y traer orden, propósito y paz. En Cristo, Dios no solo creó el mundo, sino que también inició una nueva creación en quienes creen en Él. Cuando Jesús entra en nuestra vida, comienza un proceso de transformación que puede convertir el desorden en testimonio, y el dolor en una nueva sensibilidad hacia los demás. Así, poco a poco, empezamos a descubrir que la vida es hermosa porque se vuelve un lienzo donde Dios pinta Su gracia.
Es interesante que Dios no eliminó primero el agua ni el abismo, sino que se movió sobre ellos y luego empezó a hablar. Del mismo modo, Él no siempre quita de inmediato todos nuestros problemas, pero se mueve en medio de ellos, guiando, sosteniendo y dando esperanza. La fe no niega la existencia de tinieblas, pero afirma que la luz de Cristo es más fuerte. Cuando miras la cruz, ves que Jesús entró en la noche más oscura para darnos un nuevo amanecer. Su resurrección es la garantía de que el vacío no es la última palabra, ni el dolor, ni el pecado. Por eso, incluso en días difíciles, podemos aprender a decir: “Señor, mi vida es hermosa porque Tú te estás moviendo sobre mis aguas”.
Hoy puedes mirar tu historia con otros ojos, sabiendo que el Espíritu de Dios también se mueve sobre tu vida. Tal vez no veas todavía el paisaje completo, pero el Artista ya está trabajando en los detalles. Entrégale a Cristo aquello que parece sin forma: tus temores, tus proyectos, tus relaciones, y pídele que hable Su palabra de vida sobre todo ello. Él puede transformar la rutina en oportunidad, la prueba en crecimiento y la espera en espacio para conocerlo más. No te rindas ni te quedes solo mirando la oscuridad; levanta la vista al Dios que crea belleza donde otros solo ven desorden. Camina confiado hoy: con Jesús, tu vida es hermosa, y lo mejor aún está por venir.