Yo y yo: mente renovada, corazón humilde

Las palabras de Pablo en Romanos 12:2–3 arrancan las raíces de nuestro hábito natural de vivir para nosotros mismos. 'No os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestro entendimiento' señala una obra decisiva: Dios cambia la manera en que pensamos para que no reproduzcamos los patrones egocéntricos del mundo. Esta transformación no es una mera mejora moral, sino participación en la vida de Cristo por medio del Espíritu y la Palabra: a medida que nuestras mentes se reorientan hacia Jesús, nuestros deseos, prioridades y afectos pasan de 'yo y yo' a Dios y al prójimo.

La renovación que discierne la voluntad de Dios es práctica e interior. Mediante la prueba y el juicio sobrio aprendemos lo que es bueno, aceptable y perfecto; por gracia dejamos de sobreestimarnos. El llamado a no pensar de nosotros más de lo que conviene es un antídoto contra el orgullo y la comparación - dos dolencias espirituales que nos mantienen atrapados en la preocupación por nosotros mismos. En cambio, Pablo nos llama a evaluarnos según la medida de fe que Dios ha dado, una actitud que fomenta la gratitud, la dependencia y el uso fiel y acertado de los dones en lugar de la jactancia.

En la práctica, la renovación ocurre cuando meditamos en la humildad de Cristo, nos arrepentimos de la autoabsorción y reordenamos nuestra vida diaria en torno a la Escritura, la oración y el servicio amoroso. Cuando te descubras por defecto en 'yo y yo', invita al Espíritu a examinar ese deseo, confésalo y redirígelo hacia un amor concreto por los demás. Recuerda a Jesús, que se vació a sí mismo y vivió para glorificar al Padre; seguirle transforma las opciones vocacionales, el habla y las pequeñas decisiones de cada día para que reflejen el reino de Dios en lugar del interés propio mundano.

Anímate: esta obra es la gracia de Dios obrando en ti. Él no te deja para que quieras o te esfuerces solo, sino que renueva tu mente por medio de Cristo y te capacita para pensar sobriamente y amar con fidelidad. Sigue buscándole en la Escritura y en la comunidad, practica la autoexaminación humilde y confía en el Espíritu para cambiar el 'yo y yo' en un corazón moldeado por Cristo. Anímate: Dios ya está obrando para renovarte conforme a su buena y perfecta voluntad.