En la breve y contundente línea de Marcos 15:28 — «se cumplió la Escritura que dice: 'Fue contado entre los transgresores'» — somos atraídos hacia la cruz y hacia la profecía cumplida en un solo y desgarrador momento. El Mesías no se mantiene al margen de la fragilidad humana; es colocado entre los condenados, no por su culpa sino por su amor. Ese cumplimiento de la Escritura no es una nota al pie; es la bisagra del evangelio: el plan de Dios de entrar en nuestra condición y tomar nuestro lugar en el juicio.
Ser contado entre los transgresores es amor sustitutivo. Jesús, inocente y santo, aceptó la vergüenza y el aislamiento de los culpables para que la justa ira que merecíamos cayera sobre él y la justicia que él ganó fuera contada a nuestro favor. Este es el corazón de la expiación: se identifica con nuestra pecaminosidad para deshacerla, soportando no solo el sufrimiento físico sino la carga moral y espiritual que nosotros no podíamos soportar. Ver al Hijo de Dios contado entre los transgresores nos obliga a enfrentar tanto la gravedad del pecado como la profundidad de la misericordia divina.
En la práctica, esta verdad exige arrepentimiento y descanso. Porque Cristo estuvo donde nosotros debíamos haber estado, se nos invita a alejarnos de la autojustificación y a confiar en su obra consumada; nuestra confesión se encuentra con su perdón. También configura nuestra forma de vivir: compasión por los marginados, la negativa a juzgar como si fuéramos inocentes, y la disposición a sufrir con otros como Cristo sufrió por nosotros. Nuestro caminar diario se convierte en una respuesta agradecida: obediencia no para ganar favor sino para reflejar a quien ocupó nuestro lugar.
Toma ánimo: la profecía se cumplió para que pudieras ser liberado de la condenación y andar en una vida nueva. Si hoy te sientes excluido, avergonzado o aplastado por la culpa, sabe que Jesús fue contado entre los transgresores para que tú pudieras ser contado entre los redimidos. Deja que esta verdad afiance tu alma, te llame a la humildad y te envíe con esperanza y valentía a vivir en la gracia que él compró por ti.