En Deuteronomio 7:18, Dios dice al pueblo que no tema, sino que recuerde lo que Él hizo al Faraón y a todo Egipto. El Señor está enseñando que la memoria de las obras de Dios es un remedio contra el miedo. Israel no enfrentaría el futuro con las manos vacías, sino llevando consigo el testimonio vivo de las grandes liberaciones del pasado. Cuando miramos hacia atrás y vemos la mano de Dios, el corazón se calma y la fe se renueva. El mismo Dios que abrió el mar y humilló al Faraón es Aquel que camina con nosotros hoy en Cristo Jesús.
En Cristo, vemos la mayor de todas las obras de Dios: la cruz y la resurrección. Si el Padre no perdonó a Su propio Hijo, sino que Lo entregó por nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas necesarias para Su voluntad? El recuerdo del Calvario pone en perspectiva nuestros miedos presentes. Aquello que hoy parece imposible ya fue vencido en la raíz, cuando Jesús derrotó el pecado, la muerte y el infierno. Cada vez que el miedo se levanta, el cristiano es llamado a mirar nuevamente la cruz vacía y el sepulcro vacío, y recordar: “Él ya probó Su amor por mí”.
Por eso es tan importante cultivar el hábito de recordar y relatar las grandes bendiciones del Señor en nuestra historia. Cuando cuentas cómo Dios te sustentó en un tiempo difícil, tu fe se fortalece para nuevos desafíos. Anotar respuestas de oración, testificar en casa, en la iglesia y con amigos es una forma práctica de obedecer al llamado de Dios: “recuerda bien lo que el Señor hizo”. Al revisar el pasado a la luz de la gracia, aprendes a interpretar el presente no por la lente del miedo, sino de la fidelidad divina. Así, el corazón se acostumbra a decir: “Él ya fue fiel antes, será fiel de nuevo”.
Lo mismo vale para el futuro: no hay nada que temer, el Señor está contigo en cada paso. Cuando el mañana parezca incierto, trae a la memoria lo que Dios ya hizo, tanto en las páginas de la Biblia como en tu propia historia. En lugar de alimentar escenarios de derrota, alimenta el recuerdo de la provisión, del consuelo y de los livramentos que Él ya te dio. En Jesús, el Dios que actuó en Egipto ahora habita en ti por el Espíritu Santo, guiando, fortaleciendo y guardando. Camina hoy con esa certeza en el corazón: no temas, recuerda al Señor, cuenta Sus obras y avanza en fe, porque el Dios que hizo grandes cosas en el pasado continuará haciendo en tu vida, en el presente y en el futuro.