En el principio: el Dios que comenzó todo

En el principio, Dios creó los cielos y la tierra. En esta afirmación inaugural del Génesis vemos el fundamento de toda la realidad: no somos fruto del azar, sino obra de un Dios preexistente, Señor del tiempo y del espacio. En Cristo, el Verbo que estaba con Dios en el principio y por quien todas las cosas fueron hechas, tenemos el rostro del Creador que inaugura la historia.

La creación ex nihilo revela que la palabra de Dios produce ser y orden; del decreto creador nace el propósito. Esto significa que el cosmos no es neutral ni carece de sentido: cada cielo y cada tierra existen bajo una razón divina. Para nosotros, que creemos en Cristo Señor, ese origen da seguridad a nuestra fe y coherencia a nuestras decisiones.

Pastoralmente, esa fe en el Dios Creador transforma nuestras prácticas cotidianas: nos invita a confiar frente al caos, a cultivar la esperanza cuando el futuro parece incierto y a vivir con responsabilidad ante el mundo que se nos ha confiado. No se trata solo de contemplación intelectual, sino de una confianza que se traduce en oración perseverante, obediencia humilde y cuidado concreto por las personas y por la creación.

Si hoy preguntas “Génesis, ¿qué vimos?”, respondemos: vimos al Dios que comenzó todo y que, en Cristo, sustenta y orienta la historia; por eso, entrégale a él tus miedos, alinea tus decisiones con su voluntad y sigue con confianza. Que esta verdad te dé valor para vivir y esperanza para caminar cada día.