Aún no ha llegado mi hora

Al decir “Mujer, ¿qué tiene que ver esa tu preocupación conmigo? Aún no ha llegado mi hora”, Jesús nos recuerda que su misión y sus actos están sometidos al tiempo soberano del Padre. No es frialdad, sino orden: Él actúa conforme el reloj divino, y eso confronta nuestra tendencia a apresurar soluciones o a imponer nuestros plazos a la obra de Dios.

Jess conoció la misma opresión en el corazón: hubo recelo y vacilación, pero él no negó el llamado de Dios. Esa postura nos enseña que la presencia del miedo no anula la vocación; al contrario, la fe madura reconoce el temor y, aun así, elige obedecer al llamado del Señor.

Prácticamente, esto significa aprender a esperar activamente — poner los miedos ante el Señor en oración, buscar consejo sabio, prepararse con fidelidad y obedecer en las pequeñas puertas que se abren mientras se espera la hora de Dios. No se trata de forzar señales, sino de alinear nuestras decisiones con la voluntad de Cristo, permitiendo que Él dicte el ritmo y nos capacite en el tiempo justo.

Si hoy te encuentras con recelo como Jess, recuerda: Cristo conoce tu corazón y gobierna el tiempo. No niegues el llamado por miedo; responde con un paso de fe y confianza, sabiendo que Él guiará tu obediencia y cumplirá su obra en el momento adecuado. Avanza con valentía.