La frase solemne "En el principio Dios creó los cielos y la tierra" nos sitúa ante una verdad fundamental: Dios es el origen de todo. Antes de tiempo, caos o espacio conocido, su mano creadora inició la historia. Este versículo no es solo un dato histórico; es una invitación a contemplar al Señor como el fundamento absoluto de la realidad.
Vivir bajo esta verdad transforma la manera en que enfrentamos lo cotidiano. Si Dios es el Creador, nuestras ocupaciones, relaciones y decisiones adquieren significado; somos imagen suya llamados a cuidar lo que Él ha hecho. En la práctica esto significa trabajar con responsabilidad, tratar a otros con respeto y administrar bien los recursos que se nos confían.
La creación revela también el carácter de Dios: su poder, su orden y su intención. Lo que comenzó en ese acto primero refleja que nada existe por accidente; hay propósito en el mundo visible y esperanza para nuestras vidas. Por tanto, cuando la confusión o el miedo intentan desbordarnos, podemos volver a esta verdad originaria y recordar que Dios no solo inició todo, sino que sostiene nuestra historia.
Hoy, vuelve los ojos al Creador: confía en quien puso en marcha los cielos y la tierra. Entrega tus dudas y labores a su cuidado, y permite que su propósito guíe tus pasos. Camina con la paz de quien sabe que su vida está en manos de Aquel que hizo el mundo. Ánimo: el Dios que comenzó todo obra hoy en ti.