El Espíritu que Libera y Cura

Ednaldo S.

Al leer Isaías 61.1 encontramos la revelación de un Dios que no permanece distante ante el dolor humano. El profeta proclama algo que se cumplió plenamente en Cristo, pues el Señor ungió a Jesús con el Espíritu para anunciar buenas nuevas a los pobres. Esa unción demuestra que el cuidado divino tiene rostro humano y misión histórica, y no es una teoría abstracta. Cuando Jesús declara que vino para consolar a los quebrantados, Él muestra que Dios conoce el peso de nuestro sufrimiento. El pasaje nos recuerda que la presencia del Espíritu inaugura una nueva realidad de restauración y dignidad. Es propio del Reino de Dios que los marginados reciban atención y una acción liberadora. Al contemplar este versículo, somos llamados a mirar a Cristo como la encarnación de esa liberación. La fe cristiana se revela, por tanto, como servicio a quienes más lo necesitan, sostenida por la unción del Espíritu.