La Promesa de Nueva Identidad en Cristo

Sibelle S.

En la narrativa de Génesis 35, vemos a Dios llamando a Jacob para un nuevo comienzo. Él dice: "¡Levántate! Sube a Betel y habita allí", recordándole a Jacob la alianza hecha anteriormente. Betel, que significa "casa de Dios", representa un lugar de adoración y renovación espiritual. Así como Dios llamó a Jacob a levantarse e ir a Betel, Él también nos invita a levantarnos y buscar un lugar en Su presencia donde podemos ser transformados. Muchas veces, en nuestra jornada, necesitamos un recordatorio de que somos parte de una alianza con Dios, una promesa que nos garantiza que Él está con nosotros, incluso en las situaciones más desafiantes de la vida. Es en ese lugar de intimidad y adoración que encontramos la fuerza y el valor para enfrentar los desafíos que nos rodean.

Jacob, al escuchar el llamado de Dios, no duda en actuar; ordena a su familia que se purifique y se despida de dioses extraños. Esta purificación es un aspecto vital en nuestra caminata cristiana. Necesitamos deshacernos de todo lo que nos aleja de Dios, incluidos hábitos, pensamientos y relaciones que no glorifican al Señor. El cambio de ropa de Jacob simboliza su disposición a desprenderse del pasado y prepararse para la nueva vida que Dios le estaba ofreciendo. En nuestras vidas, debemos estar listos para cambiar nuestras "ropas" – nuestros viejos modos de vivir – para vestir la nueva identidad que Cristo nos da. En Efesios 4:22-24, Pablo nos exhorta a despojarnos del viejo hombre y a revestirnos del nuevo hombre, creado según Dios en justicia y rectitud.

A medida que Jacob y su familia se mueven hacia Betel, Dios hace que el miedo caiga sobre los habitantes de las ciudades vecinas, protegiéndolos de cualquier persecución. Este es un recordatorio poderoso de que, cuando obedecemos al llamado de Dios, Él también cuida de nosotros en nuestro camino. La protección de Dios es un reflejo de Su fidelidad en cumplir Sus promesas. Así como Él estaba con Jacob, Él está con nosotros en cada paso que damos hacia el cumplimiento de Su voluntad en nuestras vidas. Cuando decidimos seguir la dirección que Dios nos da, podemos confiar en que Él allana el camino, incluso cuando los desafíos parecen grandes y amenazantes.

Finalmente, al llegar a Betel, Jacob construye un altar y recibe una nueva identidad: "Tu nombre es Jacob, pero no te llamarás más Jacob: ¡tu nombre de ahora en adelante será Israel!" Este cambio de nombre es un poderoso símbolo de la transformación que ocurre cuando encontramos nuestra verdadera identidad en Dios. Así como Dios cambió el nombre de Jacob, Él desea recordarnos que tenemos una nueva identidad en Cristo, que nos llama por nuestro verdadero nombre, un nombre que refleja Su amor y propósito para nosotros. Por lo tanto, querido lector, te animo a levantarte y buscar la presencia de Dios en Betel. Él tiene promesas que cumplir en tu vida, y la invitación es para que vivas plenamente la nueva identidad que Él te ha dado en Cristo. ¡Que puedas desprenderte de lo que ya no te sirve y abrazar la vida abundante que Dios tiene para ti!