En Génesis 1:18 leemos que Dios colocó las luces en el cielo "para gobernar el día y la noche, y para separar la luz de la oscuridad. Y Dios vio que era bueno." Antes de que hubiera algún esfuerzo humano, Dios estableció orden, ritmo y distinción. El día no se confundiría con la noche, y la luz no sería tragada por la oscuridad. El mundo no fue dejado al caos aleatorio; fue moldeado por la sabiduría y la bondad de Dios. Este versículo nos recuerda que a Dios le importa ordenar lo que ha creado, y que Su diseño es tanto intencional como bueno.
En Cristo, vemos este mismo patrón de luz y separación cumplido de una manera aún más profunda. Jesús se llama a sí mismo "la luz del mundo", brillando en nuestra oscuridad y exponiendo lo que es confuso, oculto o roto en nosotros. Así como el sol y la luna gobiernan el día y la noche, Cristo reclama amorosamente autoridad sobre cada parte de nuestras vidas. No borra la realidad de la oscuridad en el mundo, sino que la distingue de la luz, para que podamos caminar sabiamente y no perder nuestro camino. Cuando confiamos en Él, comienza a separar lo que nos lleva hacia Dios de lo que nos aleja, y ese trabajo también es bueno.
Prácticamente, esto significa dejar que Dios traiga Su buen orden a nuestros ritmos diarios. Hay un tiempo para trabajar y un tiempo para descansar, un tiempo para hablar y un tiempo para el silencio, un tiempo para decir sí y un tiempo para decir no. Muchas de nuestras ansiedades crecen cuando tratamos de difuminar esas líneas o vivir como si todo tuviera que suceder en el mismo "día". Pero el Dios que separó la luz de la oscuridad también nos invita a vivir con límites saludables y distinciones sabias. A medida que llevamos nuestros horarios, decisiones y deseos a Él, podemos preguntar: "Señor Jesús, ¿dónde quieres traer luz, orden y claridad hoy?"
Es alentador que Dios miró Su creación ordenada y la declaró buena antes de que levantáramos un dedo. Tu vida puede parecer confusa o caótica, pero el mismo Dios que colocó el sol y la luna en sus lugares es capaz de traer claridad y estabilidad a tu corazón. En Cristo, no estás solo para resolver todo en la oscuridad; Su Palabra y Su Espíritu son tus luces guía. Puedes confiar en que Él se deleita en sacar lo bueno de lo que se siente amorfo en ti. A medida que caminas hoy, descansa en esto: el Dios que separó la luz de la oscuridad está moldeando pacientemente tu vida, y a Su tiempo, volverá a mirar Su obra en ti y dirá que es buena.