Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros.
Nada hay imposible para Dios. Esta nota, sencilla pero profunda, nos invita a mirar la promesa de la resurrección como una realidad operante en nuestra vida diaria. No es una idea distante, sino una presencia que mora en nosotros, que da vida a lo que parece muerto: nuestros temores, nuestras dudas, nuestras limitaciones. Cuando el Espíritu de Dios habita en nosotros, las barreras humanas frente a lo imposible se desmoronan ante la realidad de la potencia divina que opera en nuestra debilidad.
La vida que el Espíritu imprime en nuestros cuerpos mortales no es solo para el futuro, sino para el ahora: fuerza para obedecer, esperanza en la prueba y confianza en la dirección de Dios. Si alguna vez te has sentido desalentado ante una situación que parece imposible, recuerda que el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos habita en ti. Ese poder no elimina la fragilidad humana, pero la transfigura con la vida de Dios, para que puedas avanzar con fe y perseverancia.
Anímate, hermano o hermana: en medio de las circunstancias que hoy enfrentamos, Dios ya ha hecho posible lo imposible a través de Su Espíritu. Mantén la mirada en la promesa, coopera com a graça, y caminarás en la seguridad de que Dios, que hizo resucitar a Jesús, te sostiene y te da vida. Que esta verdad te impulse a confiar, a obedecer y a vivir con esperanza.