Cuando Dios Parece Estar en Silencio

Benicio J.

Las palabras del Salmo 22 resuenan el grito más profundo del alma humana: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?”. Tal vez no uses exactamente esa expresión, pero conoces bien la sensación de abandono, de orar y no percibir respuesta, de intentar mantenerte firme mientras el corazón parece desmoronarse. Este clamor revela una experiencia que muchos prefieren esconder, pero que la Biblia se empeña en sacar a la luz.

El salmista describe días de súplica sin retorno y noches sin descanso, muy parecidas a aquellas en las que el sueño no llega porque la mente está llena de preocupaciones, miedos e incertidumbres. Es como si cada hora arrastrada de la madrugada aumentara la impresión de que Dios está en silencio. La distancia entre la oración y la respuesta parece alargarse, y el corazón se siente cansado de esperar.

La gran verdad es que la Biblia no oculta este dolor, y eso por sí solo ya es un consuelo para nosotros. Dios no ignora el sufrimiento humano, lo registra en las Escrituras con honestidad y profundidad. Cuando leemos este salmo, vemos que el dolor no es un tema prohibido ante Dios, sino algo que puede ser derramado con sinceridad en su presencia.

Así, entendemos que sentir dolor, angustia e incluso confusión no significa falta de fe, sino que forma parte del camino de quien busca a Dios en medio de las tempestades. Es en este escenario realista y profundamente humano que el Señor comienza a enseñarnos a mirar más allá de lo que sentimos ahora, ayudándonos a percibir que, incluso cuando no vemos, Él sigue presente, guiándonos en medio de la oscuridad.