Hoy te animo a pedirle al Señor que te abra los ojos para ver su presencia en ti y con tú —no para ignorar la realidad, sino para experimentarla desde la verdad de Dios. No temas: el mismo Dios que mostró los carros de fuego al criado está contigo y te dará nueva vista y valor. Camina consciente de él y confía; Él te sostiene y te acompaña.