Juan nos dice: “No os sorprendáis, hermanos, si el mundo os odia” (1 Juan 3:13). Estas palabras nos inquietan porque la mayoría de nosotros anhelamos ser queridos, comprendidos y bienvenidos.
Sin embargo, las Escrituras son honestas: seguir a Jesús a veces te pondrá en desacuerdo con los valores y sistemas de este mundo.
En Juan 7:7, Jesús explica por qué: “El mundo no puede odiaros, pero a mí me odia porque yo testifico de él que sus obras son malas.”
El problema raíz no eres principalmente tú, sino Cristo en ti y Su testimonio veraz sobre lo que es bueno y lo que es malo. El odio, en este sentido, es algo del mundo—un síntoma de un mundo caído que resiste la luz de Cristo.