Luz sobre las profundidades

Génesis 1:2 pinta una escena que es a la vez aterradora y tierna: la tierra era informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo. Sin embargo, en el centro de ese vacío cósmico el Espíritu de Dios se movía —una presencia suave y atenta que se desplazaba sobre el caos. Esta imagen nombra nuestras propias estaciones cuando la vida se siente sin forma, cuando los planes se disuelven y la oscuridad aprieta. La Biblia no disimula la oscuridad; la registra como el terreno donde la presencia de Dios viene primero a obrar.

Entonces Dios dijo: «Sea la luz», y se despliega el primer acto creativo; Dios vio que la luz era buena y la separó de las tinieblas. La Escritura muestra que la palabra de Dios trae orden y bondad; la luz no es meramente la eliminación de la noche, sino el establecimiento de claridad, propósito y belleza. La separación es formativa: Dios distingue, asigna función e invita a su creación a un ritmo de vida. Así como el Espíritu se cernía antes de la primera palabra, así el Espíritu Santo prepara y capacita el espacio para que la palabra de Dios traiga sanación y dirección.

En la práctica, cuando afrontas la falta de forma —duelo, pérdida, confusión o una vocación estancada— no produces la luz mediante esfuerzos frenéticos propios, sino volviéndote al que cuya palabra crea. Invoca al Espíritu que se mueve; ora por iluminación; nombra la oscuridad ante Dios; escucha una palabra divina simple que dé forma: un corazón transformado, un deseo renovado, un pequeño paso de obediencia. La comunidad y la Escritura son medios que Dios usa para pastorear la luz en nuestras vidas: habla de tu duda con un amigo fiel, lee la Biblia con expectación y obedece lo que parece pequeño y verdadero. Estas son respuestas fieles al Creador que hace orden del caos.

Si te sientes abandonado en lo profundo esta noche, recuerda la apertura de las Escrituras: el Espíritu de Dios no está ausente de tu caos, sino que se mueve sobre él, y la palabra del Padre declara que la luz es buena. Mantén la confianza de que el Dios que separó la luz de las tinieblas ve tu situación y traerá propósito, belleza y claridad a su tiempo. Confía en que el Espíritu se cernirá, en que la Palabra hablará y en que el Señor separará y bendecirá. Anímate: el mismo Espíritu que se cernió sobre lo informe se cierne sobre ti y traerá luz y propósito a tu vida.