Siembra, siega y gozo compartido

El Señor nos recuerda en Juan 4:36 que ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna; una imagen que une la labor presente con la recompensa eterna. En la economía del Reino no hay esfuerzos inútiles: quienes siembran y quienes siegan participan de la misma obra de Cristo y de su promesa de vida.

Esto nos llama a vivir con esperanza y servicio humilde: siembra con paciencia, sabiendo que muchas cosechas maduran más tarde de lo que quisiéramos. Cultiva la palabra, ora por las personas y acompaña con amor; tu fidelidad cotidiana es la siembra que Dios usa para producir fruto eterno.

Cuando el hermano recoge fruto, no envidies sino regocíjate juntamente con él, porque el gozo es señal de una sola cosecha compartida en Cristo. Celebrar la cosecha ajena fortalece la unidad, multiplica la gratitud y reconoce que toda gloria pertenece al Señor, que da vida y recompensa.

Camina con paciencia, siembra con fe y goza con gratitud cuando la cosecha llegue; persevera en el servicio sabiendo que tu trabajo en el Señor tiene resultado eterno. Anímate a seguir sembrando hoy, porque Dios hace crecer lo que tú plantes con fe.