Que este encuentro nos motive a vivir de manera que honre a Cristo en cada día, con esperanza paciente y confianza en su señorío. En medio de nuestra rutina, su presencia trae consuelo y dirección. No permitamos que el ruido del mundo ahogue la voz del Maestro; más bien, abramos nuestros hogares, trabajos y relaciones a su enseñanza, sabiendo que cada acto de obediencia es una semilla del reino. Levantemos la mirada en oración, y que nuestra vida quede marcada por una fe que mira a Cristo, que confía en su palabra y que, aun cuando las circunstancias parezcan inciertas, se anima a seguirlo con gozo santo.