En el principio, Dios creó los cielos y la tierra. Esta frase simple y profunda nos presenta a un Dios que, antes de cualquier cosa conocida, es un Dios que habla y crea ordenadamente. Al contemplar la creación, estamos invitados a reconocer su soberanía, su sabiduría que organiza el caos en belleza, luz, forma y propósito. No es solo una narrativa antigua, sino la revelación de un Dios activo que sostiene todo por Su Palabra y que, al hacerlo, invita a su pueblo a confiar de manera obediente y reverente.
La creación no es generada por el azar; es resultado de la voluntad, el poder y la benevolencia divinos. Eso nos llama a responder con fe y gratitud, reconociendo que, antes de cualquier intento humano de controlar el mundo, hay un Dios que es Señor de todo. En Cristo, la fe cristiana encuentra su fundamento: la historia de la redención comienza con la creación restaurada por la gracia, apuntando al día en que el reino de Dios será plenamente revelado. Mientras caminamos en esta vida, la manera en que manejamos el tiempo, los recursos, las relaciones y las decisiones diarias debe reflejar esa confianza en el Creador.
Por lo tanto, que nuestra vida esté marcada por la reverencia ante la magnitud del Creador y por la humildad práctica ante cada responsabilidad. Que busquemos la sabiduría que viene de Dios para gobernar bien los recursos, cultivar relaciones y tomar decisiones que honren a Él. Y que, incluso ante dudas, podamos recordar que fuimos creados por un Dios que nos ama y que sostiene todo con Su Palabra. Que esta verdad nos fortalezca para caminar con esperanza y valentía, confiados de que Dios está con nosotros desde el principio hasta el fin.
Motivación/ánimo: confía en el Dios creador que ordena la vida con propósito; al iniciar cada día, ora, busca su sabiduría y vive de modo que la belleza de la creación conduzca tu corazón a la fidelidad en Cristo.