Toquen trompeta: Despertar hacia el Señor

Abimael V.

El profeta Joel nos convoca con imágenes sonoras: la trompeta en Sión, la alarma en el monte santo y la tierra que tiembla, porque ‘‘viene el día del SEÑOR; ciertamente está cercano’’. Estas palabras rompen la indiferencia y apuntan a una realidad última: Cristo es el Señor que vendrá en la consumación de todas las cosas. Como buenos pastores de nuestras propias almas, debemos escuchar esa llamada no como un simple anuncio histórico, sino como una advertencia pastoral sobre la inminencia del juicio y la promesa de reconciliación en Él.

El llamado práctico de este texto es claro: estar despiertos y volvernos al Señor. La trompeta exige examen de vida, arrepentimiento sincero y una conversión que transforme nuestras prioridades. En Cristo tenemos la vía segura para ese cambio: su gracia nos limpia, su Palabra nos corrige y su Espíritu nos capacita para vivir en obediencia. No se trata de temor paralizante, sino de una corrección amorosa que produce frutos de justicia: confesión, restitución cuando sea posible, servicio humilde y comunión constante con la Iglesia.

El temblor que provoca la proximidad del día del Señor también debe conducirnos a una reverente esperanza. El mismo Jesús que viene como juez vino primero como Salvador; en Él hallamos refugio y fundamento para nuestras vidas. Frente al miedo legítimo ante el juicio, podemos responder con fe activa—orar, vigilar, perdonar, amar—porque Cristo sostiene a los suyos y los llama a vivir en santidad mientras esperamos su manifestación.

Hoy la alarma suena para ti y para mí: vive a la luz de su venida, ama como Él nos amó, y busca su rostro con sinceridad. Que esta conciencia transforme decisiones, relaciones y labores cotidianas; prepara tu corazón y comparte la esperanza del Evangelio con urgencia y ternura. Confía en el Señor que viene, y permanece firme en Él. ¡Ánimo!