Por tanto, ora con insistencia piadosa antes de contentarte con la mitad de una bendición: continúa intercediendo, actúa con fidelidad y confía en que Dios desea liberarnos por completo. Que esta palabra te anime a no aceptar adorar en tu propio Egipto, sino a presionar por la promesa hasta que la liberación sea total. Persevera — la victoria definitiva vale la espera y la lucha en oración.