Antes de que hubiera luz, color o forma, estaba Dios. Génesis no comienza con el esfuerzo humano, sino con el simple y majestuoso hecho de que Dios ya está allí, creando con intención y amor: “En el principio, Dios creó los cielos y la tierra.” El que hizo galaxias también eligió formar un planeta ordinario y prestar atención tierna a su vacuidad. La tierra estaba “sin forma y vacía”, una frase que habla de caos, confusión y ausencia de belleza. Sin embargo, incluso en esa oscuridad, Dios no estaba ausente; Él estaba presente y con propósito desde el primer momento. Tu vida, también, comienza no con tus planes, sino con un Dios que ya está allí, ya creando, ya deseando lo bueno para ti en Cristo.
La imagen de la oscuridad “sobre la faz del abismo” no es muy diferente de las temporadas en nuestras vidas que se sienten amorfas, confusas o vacías. Hay días en los que miras tus circunstancias y no puedes ver ningún patrón, ningún progreso o ninguna belleza, solo un lío sin forma. Génesis te recuerda que tales momentos no son el final de la historia; son el lienzo para la obra de Dios. Dios no espera a que el orden aparezca antes de comenzar a moverse; Él trae orden a los mismos lugares que carecen de él. En Cristo, Dios entra en la más profunda oscuridad—nuestro pecado, nuestra vergüenza, nuestra confusión—y comienza una nueva creación desde adentro hacia afuera. Donde solo ves caos, Él ya ve lo que está formando.
Se nos dice que “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”, como un pájaro cuidando su nido, listo para dar vida. Esta es una imagen tan suave pero poderosa de la cercanía de Dios a nuestros lugares no formados. El Espíritu no se aleja de tu confusión, tu debilidad o tus preguntas; Él se queda, permanece y se prepara. En Jesús, ese mismo Espíritu ahora habita en los creyentes, trabajando silenciosamente en corazones que aún pueden sentirse incompletos. Puede que aún no veas la imagen completa de lo que Dios está haciendo, pero la presencia del Espíritu es la garantía de que Dios no se ha rendido contigo. Cuando no puedes nombrar lo que Dios está creando, aún puedes confiar en que Él está en movimiento.
Este pasaje te invita a llevar tus lugares “sin forma y vacíos” honestamente ante el Señor: la relación que se siente estancada, el futuro que se siente en blanco, el corazón que se siente apagado. En lugar de despreciar estos comienzos, puedes verlos como el mismo terreno donde a Dios le encanta crear. Ya ha mostrado su corazón en Cristo, quien entró en nuestra oscuridad para llevarnos a su luz maravillosa. Gracias a Jesús, puedes enfrentar lo desconocido no con miedo, sino con una expectativa tranquila de que la próxima palabra de Dios puede ser “Hágase la luz.” Hoy, pide al Espíritu que vuele sobre tu día, tu trabajo y tus preocupaciones, y que comience a darles forma de acuerdo con el buen propósito de Dios. Ten valor: el Dios que creó belleza a partir de un mundo oscuro y vacío es más que capaz de traer belleza y propósito a tu vida mientras confías en Él.