Cuando Dios se mueve sobre tu caos

Antes de que existieran la forma, la belleza y la vida, la Biblia nos presenta una escena desconcertante: una tierra sin orden, vacía y cubierta de tinieblas. Nada parecía tener futuro, no había flores que admirar, ni montes que contemplar, ni cielos azules que disfrutar; solo desorden y oscuridad por todas partes.

Pero en medio de esa descripción sombría, irrumpe una frase llena de esperanza: “y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas”. En medio del caos y la ausencia de todo lo que consideramos bello o valioso, Dios ya estaba actuando. No se había dado por vencido con su creación, ni había desistido de su propósito.

Dios no estaba ausente, no estaba lejos, no estaba indiferente; estaba allí, presente, cercano, atento, moviéndose sobre el caos. Aunque nada tuviera aún forma ni sentido, su Espíritu ya estaba preparando el escenario para la vida, la luz y el orden que pronto vendrían por su palabra poderosa.

Así sucede también con nuestra vida: aun cuando la percibimos desordenada, vacía o envuelta en oscuridad, el Espíritu de Dios no se ha ido. Aunque no lo veamos, se está moviendo silenciosamente sobre todo lo que no comprendemos, preparando nuestro corazón y nuestra historia para algo nuevo que todavía no alcanzamos a imaginar.