Amor que todo lo sufre

La Escritura nos recuerda que el amor tiene un rostro distinto al del mundo: no se porta indecorosamente, no busca lo suyo, no se irrita y no toma en cuenta el mal recibido. Estas palabras en 1 Corintios 13:5-7 describen un amor moldeado por Cristo, que rehúye la autoexaltación y la defensa propia, y que se orienta hacia la verdad y la entrega.

Practicar este amor exige decisiones concretas: elegir la humildad cuando la cultura impulsa la ventaja, optar por el servicio cuando la inclinación natural es la conquista, renunciar a llevar cuentas de las ofensas y no regocijarse en la injusticia. En la vida cotidiana eso significa escuchar antes de responder, perdonar sin condiciones aparentes y buscar el bien del otro más que la satisfacción inmediata de nuestras demandas.

El pasaje también nos da fuerzas para perseverar: el amor se alegra con la verdad y todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Esto nos enseña a sostener la esperanza aun en la adversidad, a creer en la obra redentora de Dios cuando las circunstancias parecen contradecirla, y a soportar con paciencia las pruebas del camino sirviendo como testimonio vivo de Cristo.

No te desalientes si este amor no surge de inmediato; es fruto del Espíritu y crece en la práctica diaria de la obediencia y la dependencia de Jesús. Pide al Señor renovar tu corazón para que seas capaz de no buscar lo tuyo, de perdonar sin contabilizar agravios y de perseverar con esperanza: Dios capacita, acompaña y sostiene—ánimo, sigue amando según el ejemplo de Cristo.